La cantautora brasileña Joyce Moreno, para celebrar sus 50 años en la música, ha creado 50 (Biscoito fino 2018), un disco en el que vuelve a dar vida a temas creados para su primer disco Joyce (1968) como el emblemático Não Muda Não.
Joyce Moreno a los 70 años ha regrabado, canción la canción, su primer LP lanzado a los 20 años. En aquel trabajo, ideado a finales de los 60, la artista carioca tuvo la ayuda de algunos de sus amigos que hoy son algunos de los compositores más emblemáticos de la historia de la música de Brasil, como Marcos Valle, Ruy Guerra, Paulinho da Viola, Jards Macalé, Caetano Veloso, Francis Hime, Toninho Horta o Ronaldo Bastos. Por lo que hoy, 50 años después, este trabajo más que nunca es un ejemplo perfecto de una brillante generación de compositores, de la que Joyce fue la última, aunque precoz, aparición con composiciones de nítido espíritu feminista, palabra que —según el Vinícius de Moraes— ella ni conocía en esa época.
Compositora compulsiva, Joyce no se contuvo y compuso dos canciones nuevas: En Com o tempo, escrita y cantada con Zélia Duncan, reflexiona sobre el paso del tiempo. En A velha maluca (Vieja loca) ella revela el punto de vista que gestó 50:
La vieja cuando era joven
Quería ser diferente
Se burlaba de los pretendientes
No quería casarse
Se casó con la filosofía
Durmió con la literatura
Para la armonía hizo juramento
Y el resto yo no sé contar
La osadía de Joyce en 50 dio por lo menos dos resultados evidentes. El primero es el retrato de su propia evolución musical, la voz de niña aún, siendo una de las voces más seguras y perfectas de la música brasileña; y la guitarra que en 1968 Vinícius decía tener "gran sentido armónico y un ritmo ejemplar" que se convirtió en una verdadera escuela dentro de la guitarra brasileña, única, reconocible en el primer acorde, y que lidera en discos y conciertos por el mundo uno de los mejores conjuntos de base de la música popular brasileña , con Helio Alves al piano, Rodolfo Stroeter al bajo y Tutty Moreno en la batería.
En realidad, uno de los motivos de Joyce para regrabar su primer disco es justamente ese: retomar, bajo su proyecto artístico ya tan consolidado, sus primeros y naturalmente inmaduros gestos musicales, o decir, retomar las osadías de aquella enfant terrible con la seguridad de la cantante y, compositora que supo construir una carrera que controla todo el proceso de producción, desde la composición a los arreglos y el canto.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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