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Gira «Mediterráneo Da Capo»

La grandeza de Serrat

por Xavier Pintanel el 23/12/2018 

El pasado martes Joan Manuel Serrat realizó el primero de los tres conciertos previstos en el Auditori del Forum de la ciudad que le vio nacer y a tan solo unos pocos metros del Mediterráneo, ese mar tan grande y eterno como él, al que le dedicó un disco en 1971 y que ahora interpreta da capo.

Joan Manuel Serrat en el Auditori del Forum de Barcelona el 18 de diciembre de 2018. © Xavier Pintanel
Joan Manuel Serrat en el Auditori del Forum de Barcelona el 18 de diciembre de 2018.
© Xavier Pintanel

 

No me gusta decir que Mediterráneo es la obra fundamental de Joan Manuel Serrat, no porque no pueda ser cierto, sino porque sería reconocer implícitamente que las otras creaciones del trovador catalán son menos fundamentales. Por decirlo de otra manera un espectáculo tipo Per al meu amic Da Capo o Miguel Hernández Da Capo, por ejemplo, no hubiera sido menos épico, emocionante, enérgico y sensible que el que ofrece Serrat en su nueva gira.

 

Y me parece fundamental porque esto solo se puede decir de los muy grandes —Silvio, Aute—, auténticos dioses mayores en el Olimpo de la Trova.

 

Es verdad que su voz ya no luce con el mismo brillo y fuelle que antaño —"nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos", decía un joven Neruda— pero al cabo es un detalle irrelevante porque sigue surgiendo desde el corazón del corazón, con la misma contundencia, credibilidad y emoción que cuando, entre Calella de Palafrugell y Cala d'Or compuso esa oda humanista y cargada de madurez, pese a su juventud de entonces.

 

De eso hace 47 años, ninguna cifra redonda para alguien que, después de tres grandes sustos, lleva el viejo adagio de "vive hoy como si fuera el último de tus días" hasta sus últimas consecuencias. "No dejen para mañana lo que puedan celebrar hoy. No hay que pedir permiso al calendario", dijo un Serrat locuaz como siempre y que sonó espontáneo en sus diálogos a pesar de tenerlos escritos en un discreto teleprompter situado a pie de escenario.

 

A pesar del tiempo transcurrido no hubo nostalgia en el concierto —no me pareció verla— en primer lugar porque Serrat no quiso usar este fácil recurso y en segundo porque las canciones del Mediterráneo siguen sonando como compuestas ayer y arropadas por unos arreglos que indisimuladamente intentaban recordar a los originales, especialmente gracias al trabajo de Ricard Miralles y a los samplers de Josep Mas "Kitflus". David Palau, con sus eléctricas guitarras; una jovencísima y talentosa Uixi Amargós a la viola, instrumento poco usual en estos contextos pero que sonó preciso y pertinente; Vicente Climent a la batería; y Tomás Merlo al bajo y contrabajo; completaron la banda que acompaña la gira desde que se inició el pasado mes de abril.

 

Joan Manuel Serrat. © Xavier Pintanel
Joan Manuel Serrat.
© Xavier Pintanel

 

La primera parte del concierto estuvo íntegramente dedicada a recorrer da capo ese Mediterráneo empezando precisamente por la canción que da título al álbum, tras una brillante obertura instrumental de la banda. Le siguió Qué va a ser de ti, que aunque lució con todo su esplendor, es quizá, especialmente por su temática, la que menos ha aguantado el paso del tiempo.

 

Seguidamente Vagabundear, una de las canciones de Serrat que "suena" más latinoamericana. En los finales de los sesenta es cuando, a través de su exilio, conoce y descubre la música de América hasta el punto de que en sus conciertos de presentación del disco en el Teatro Victòria de Barcelona invitó al grupo América Joven, capitaneados por el chileno Willy Bascuñán, a que lo acompañaran en cinco canciones: La baguala, de Julio Argentino Jerez; Camino de los Quileros, de Osiris Rodriguez Castillo; Estanislao, un joropo venezolano; La tarde, de Atahualpa Yupanqui y Mazúrquica Modérnica de Violeta Parra.

 

Tomaron el relevo esa evocación a la infancia con toques benedettianos que es Barquito de papel; Pueblo blanco reflejo de esa España franquista que parece no haberse ido; Tío Alberto, con los tiempos verbales cambiados —"dio todo lo que pudo dar"— pues Alberto Puig Palau "industrial y mecenas generoso" a quien Serrat dedicó la canción, falleció en 1986; La mujer que yo quiero y Lucía, amor y desamor rompiendo moldes de la época; y Vencidos, quijotiano poema de León Felipe donde canta a la amargura del que pierde la batalla luchando por un noble ideal.

 

La sutileza de Aquellas pequeñas cosas y un bis de Mediterráneo concluyeron esa primera parte.

 

Joan Manuel Serrat. © Xavier Pintanel
Joan Manuel Serrat.
© Xavier Pintanel

 

La segunda, íntegramente en catalán a excepción de la hernandianas Menos tu vientre y Para la libertad y la machadiana Cantares. Nunca he entendido porqué Serrat priva a sus aficionados latinoamericanos y españoles del 50% de su obra. La respuesta obvia en que no entienden el idioma, pero los Beatles, Mozart o Pucini no escribieron en castellano y tampoco les fue mal. Aunque esto es tema para otro artículo.

 

La lluna, basado en un poema de Jaime Sabines; Cançó de matinada, uno de sus primeros éxitos de juventud; Temps era temps, relato de tiempos grises pero que fueron "los suyos y han sido los únicos"; Plany al mar, un spin-off de Mediterráneo, con marcados tintes ecológicos; És quan dormo que hi veig clar, musicación de un poema de Josep Vicenç Foix; Pare, su gran alegato ecológico cuando todavía nadie hablaba de ello; Barcelona i jo, esa carta de amor-desamor a la ciudad que le vio nacer; Seria fantàstic, un sueño utópico de un mundo imposible; Me'n vaig a peu, otro de sus éxitos de juventud en clave medio rumbera; y, finalmente, Cançó de bressol, extraordinaria canción dedicada a su madre, la Señora Ángeles, aragonesa de Belchite, republicana por donde se mire y vencida como Don Quijote.

 

En definitiva, un Serrat pletórico y eterno, que anda enojando a unos cuando declara que no quiere la independencia de Cataluña y a los otros cuando muestra su solidaridad con los presos políticos. Pero estoy seguro que ni unos ni otros estaban en el concierto ni gustan de Serrat: enojarse con él es no entender su grandeza.

 

Joan Manuel Serrat lució un enigmático pin en la solapa. © Xavier Pintanel
Joan Manuel Serrat lució un enigmático pin en la solapa.
© Xavier Pintanel










 
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