| Viernes 16 de marzo de 2007 L’Auditori 22.00 h | ![]() |
Es una de las voces que más resuenan dentro del panorama de la cançó catalana. Ha musicado a los poetas (Maragall, Papasseit, etc.) e incluso ha cantado a los cantantes (Léo Ferré) además de haber sido un impulsor y un activista cultural sin remisión.
Xavier Ribalta (Tàrrega, 1943), que acaba de publicar una primera antología de su obra –Xavier Ribalta: Integral 1965-2005–, aporta ya un nuevo episodio para añadir con el concierto de BarnaSants centrado en la figura poética del contemporáneo Joan Margarit. La lírica de este arquitecto tocado por el jazz, la noche, la muerte, la melancolía y la lucha por la vida cotidiana ha sido la inspiración en esta ocasión para las nuevas creaciones musicales de Ribalta.
Ha cantado en el Olympia de París (1975), en el Carnegie Hall de Nova York (1982), en la sede de las Naciones Unidas (1985) y al Teatro de la Ópera de Buenos Aires. Ha musicado a Salvat-Papasseit, Joan Maragall, Pere Quart, Màrius Torres, Apel.les Mestres, Salvador Espriu, Léo Ferré, etc. Más de cuarenta años de carrera profesional de un cantautor que presenta ahora su última creación, cantando poemas de Joan Margarit.
Xavier Ribalta, voz y guitarra
Jorge Labanca, guitarra
Fernando Lupano, bajo
Juan Manuel Pietranera, piano
Fernando Fiszbein, bandoneón
José Hernán, violín
Carlos Wernicke, dirección y guitarra
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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