El cantautor promueve su disco La diferencia, en el que destaca La colilla
La historia de Albert Pla no es fácil de resumir, pero al hacer un recorrido por su decena de discos grabados se descubre a un rapsoda que sólo busca relatar hechos, sucesos, sueños, deseos, alucines por medio de canciones que escapan a clasificaciones impuestas por el mercado discográfico tradicional.
Sus grabaciones han llegado a México a cuentagotas, no obstante que Pla ha visitado nuestro país en diversas ocasiones: se ha presentado con éxito en el Multiforo Cultural Alicia y en el teatro Helénico, entre otros espacios.
El trovador catalán Albert Pla se presentará en marzo en Buenos Aires para mostrar su disco "La diferencia" con una serie de shows en el que el mismo artista manejará las luces y la puesta en escena desde el escenario.
En estos conciertos Pla sube solo al escenario para cantar nuevas canciones, controlar el sonido y apagar y encender los focos del escenario que cuelgan de una estructura a modo de jaula.
Ese paraguas de luces unidimensional acaba vistiendo las canciones que cuentan historias trágicas, delirantes, delicadas y brutales, crudas y surrealistas en las cuales el verdugo también es víctima.
El cantante Albert Pla se rige por las leyes de la improvisación. Decide lo que le apetece cantar o grabar justo antes de tener que hacerlo, pero tiene claro de antemano que no le gustan las entrevistas. Ni siquiera las que concede con motivo de su presencia este lunes, a las 21.00 horas, en el Auditorio de Lugo, con el espectáculo La diferencia.
El cantante de Sabadell no se esfuerza en contestar con coherencia o en ir mucho más allá de un monosílabo cuando responde. Hay que insistirle; dialogar no debe de estar entre sus grandes aficiones. De hecho, vive en un pueblo sin cobertura telefónica.
¿Lo de vivir en un sitio sin cobertura se debe al hecho de que le gusta aislarse?
Pues no.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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