El trovador valenciano Raimon regresará mañana sábado al Teatro de l'Aliança del Poble Nou, lugar donde realizó su primer concierto en solitario en Barcelona hace 45 años.
Raimon debutó en Valencia en una entrega de premios literarios en 1962. Por su forma y su fondo se aleja de los criterios estéticos muy afrancesados de «Els Setze Jutges».
Ayer a las 9 en punto de la noche salían al escenario del Teatro Tívoli de Barcelona, cuatro excelentes músicos que darían a lo largo de todo el recital el sonido justo, la nota justa, con esquema acústico, sobrio y elegante.
Con la valentía que caracteriza al artista las dejó ir todas de una vez y el público aceptándolas como si fueran canciones conocidas de toda la vida, incluso con canciones que provocaban apoteosis, como He passejat per València, sol, Punxa de temps y muy especialmente la emotiva Mentre s’acosta la nit.
El trovador valenciano Raimon publica mañana lunes 7 de febrero Rellotge d'emocions (Reloj de emociones) su primer disco con canciones inéditas después de casi 14 años.
Es por eso que no es nada extraño que después de casi 14 años sin canciones nuevas, Rellotge d'emocions haya despertado tanta expectación como expectativas.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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