Transitó por el "lado oscuro" y "murió" miles de veces, pero Manolo Tena, al que esta mañana ha vencido a los 64 años el cáncer del que se trataba desde hacía solo unos días en un hospital madrileño, estaba convencido de que también a esto sobreviviría y hacía ilusionado planes para su enésimo renacimiento.
La SGAE, de cuya Junta Directiva era miembro, instalará mañana, a partir del mediodía, la capilla ardiente del artista para que amigos, colegas y admiradores, que han convertido su fallecimiento en "trending topic" mundial en Twitter, puedan dar su adiós a uno de los últimos de La Movida madrileña.
Manolo Tena, que se dice "en recuperación", está "ahora mismo loco por vivir" tras dejar atrás un largo calvario con las drogas, glosado en un nuevo álbum y un documental en los que están muy presentes las personas que le ayudaron a levantarse tras tocar "fondos muy raros".
Fue él, productor de profesión, el motor de estos dos trabajos que devuelven al intérprete de Tocar madera, Frío o Sangre española a la actualidad tras los siete años de silencio creativo transcurridos desde Canciones nuevas (2008) con un nuevo álbum, Casualidades (DeTena Producciones), que se publica el viernes, y un documental sobre su vida.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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