Pau Vallvé presenta su último trabajo, Agorafília, un álbum que desafía su zona de confort con innovaciones creativas y un proceso compartido. Grabado en múltiples localizaciones y con una producción distinta a sus anteriores trabajos, el disco es un reflejo de un año completo, relatado canción a canción.
El músico y productor catalán Pau Vallvé lanza un disco de nombre curioso, :), un trabajo positivo, plural, post-pandémico, hedonista y desmitificador.
Con más de 20 años sobre los escenarios y después de largas giras presentando sus anteriores trabajos, Pau Vallvé vuelve para presentar su décimo séptimo disco titulado La vida és ara (La vida es ahora), el sexto en solitario.
El nuevo disco de Pau Vallvé es el de alguien que ha llegado finalmente a ser feliz y de repente se da cuenta.
El pasado otoño Pau Vallvé editó su decimocuarto disco, el tercero firmado con su nombre y apellido, titulado Pels dies bons (Autoeditado, 2014).
El barcelonés Pau Vallvé vuelve a los escenarios con un nuevo disco bajo el brazo. De Bosc (Amniòtic, 2012) es una apuesta por un sonido más austero.
El músico catalán Pau Vallvé edita su disco número 13, el octavo en solitario, titulado De bosc (De bosque), un álbum totalmente autogestionado y autoproducido.
El disco, como suele hacer siempre, lo ha producido, grabado y mezclado él solo, y también, como es habitual, ha tocado él todo los instrumentos.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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