Por séptimo año consecutivo hemos elaborado una lista con los discos imprescindibles del año que se termina. Como cada año no pretendemos pontificar sobre cuáles han sido los mejores. Seguramente habrá tantas listas posibles como aficionados. Esta es sencillamente nuestra lista con la total seguridad que si bien no están todos los que son, sí son todos los que están.
Aun así, entendemos que esta lista de "imprescindibles", aunque necesariamente incompleta, es una buena herramienta para los amantes de la canción de autor que gustan de conocer nuevas propuestas y cada año está más solicitada por muchos de nuestros lectores que nos la reclaman desde hace varios días.
Fernando Cabrera, uno de los artistas con más personalidad en la música popular del Uruguay en las últimas décadas, publica 432, su nuevo disco con once canciones de autoría y una prestada. Una álbum breve —27 minutos— pero intenso.
Este el nuevo disco del trovador uruguayo tiene como invitados especiales a Martín Buscaglia, Gonzalo Levin (saxo, flauta), y Federico Vaz (armónica).
Incluye temas de un minuto de las que suele producir, "canciones muy breves, muy chiquitas, que no siento que necesiten ser repetidas o agregarles una introducción para estirarlas, son así, microcanciones, acá hay cuatro de ellas".
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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