Después de tres años de ausencia, Francisco Espinosa regresó a Barcelona para ofrecernos un concierto fresco y reivindicativo en el entorno del Festival BarnaSants.
Que es comprometido lo vimos desde la primera canción Mi mano izquierda: “Pero la izquierda es para mí / la de los sueños, la de escribir / la que señala donde hay que ir / la que os muestra lo bueno en mí” y siguió con el cambio climático, la homosexualidad, la guerra de Irak, los atentados del 11-M, la libertad de expresión, temas todos ellos presentes en su último disco “Años y prejuicios” que vino a presentarnos y que puede descargarse gratuita y legalmente desde su página WEB franciscoespinosa.com.
El miércoles 3 de Febrero sale a la calle el nuevo trabajo del cantautor madrileño Francisco Espinosa, se trata de un disco de once temas de hondo contenido social y lleva por título “Años y prejuicios”. Lo presentará este jueves 4 de febrero dentro del Festival BarnaSants y el 13 en Madrid.
Nos recibe Fran (que es como le llaman los amigos) en su casa y la entrevista transcurre junto a un piano de pared.
¿Por qué “Años y prejuicios”?
Es el título de una de las canciones del disco, una canción que habla de un homosexual y de lo duro que ha sido serlo en España a lo largo de los años, titular así el disco ha sido un pequeño homenaje al colectivo.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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