Su voz nunca dejará de temblar. Ismael Serrano (Madrid, 1974) vuelve con un nuevo disco en el que, como era de esperar, sigue fiel a sí mismo.
El cantautor Ismael Serrano imprime en su nuevo disco, Acuérdate de vivir, su "aprendizaje vital" y reconoce que a veces se toma "demasiado en serio" las cosas, en un mundo "frívolo" en el que nadie se pone "solemne y repara en los detalles".
Trece años han pasado desde que Serrano irrumpió en la canción de autor con Atrapados en Azul y el próximo martes publica Acuérdate de vivir, basado en el "Memento vivere" impreso en algunos viejos relojes.
El cantautor Ismael Serrano inicia en estos días la grabación en estudio de su nuevo disco que será el número nueve de su carrera.
El título del disco está tomado de una de las leyendas que acompañaban a los viejos relojes, Memento vivere (Acuérdate de vivir), que para el músico vallecano es un lema necesario cuando se sueña con "un futuro donde se rompen los espejismos, en el que estallan los oxímoron en el que el desempleado encuentra trabajo y redención, un futuro que se cuela por la ventana en forma de susurro, o que encontramos en un papel escrito en la cocina, en el que los ángeles vuelven a ver arder las calles, en el que en la pared de enfrente alguien escribe un saludo de paz, un buenos días".
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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