Hola, soy el Niño de la Hipoteca, y llevo este palestino para que se note que soy cantautor. Con perlas de esta índole se presentaba Guiu Cortés, El niño de la Hipoteca, ante el público de la Sala Barradas, en L'Hospitalet, la noche del 21 de enero.
El niño no tardó en dar muestras de su ingenio y sentido del humor con canciones como Copy-Paste, y su soledad en el escenario se vio atropellada por su amigo Albert, quien, para compensar un supuesto retraso, le regaló un poema escrito en un par de boletos de tren T-10, con versos como sé que tu mai votaries a CiU (sé que tú nunca votarías a CiU, partido de la derecha nacionalista), el Palomino fa (¿como transcribo esto…?) ¿xiu-xiu?, o les flors fan flooower-floower…
En fin, después del poema y una coreografía del peculiar colaborador, simpático, descarado y quizás un poco fuera de lugar, El Niño recibió a dos nuevos invitados, esta vez sí, músicos.
No sé si se producirán más sorpresas como esa en este Barnasants, pero el éxito de público sorprendió a propios y extraños. El local presentaba una entrada espectacular de un público adicto, entregado, con ganas de cantar, de aplaudir y de entusiasmarse.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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