Si tuviera que sintetizar en una sola palabra la cualidad más determinante de la obra desarrollada por Alejandro Martínez —tanto desde el punto de vista musical, como del poético— elegiría, sin duda, la palabra "sensibilidad"; cualidad presente en toda su trayectoria creativa, pero que progresivamente se ha ido nutriendo y madurando en el ejercicio y en el disfrute de su "libertad".
«Voy a aprender —nos cantaba entonces— a disfrutar de todo cuanto soy,
de todo cuanto doy y es bueno».
Alejandro Martínez acaba de publicar «... QUE TE VOY A ENSEÑAR UN CORAZÓN INFIEL. Alejandro Martínez canta a Jaime Gil de Biedma»; y voy a presentarlo y a comentarlo en tres secuencias.
De Alejandro Martínez yo destacaría, de entrada, dos cualidades que hacen posible —de forma natural— el disco que vamos a comentar
La primera es la afirmación —incuestionable— de que estamos hablando de un gran músico y un magnífico pianista —que también domina el arte de tocar la guitarra—.
Aunque no soy cantautor, me imagino que cualquier cantautor que se precie, sea bueno, malo o ni tanto ti tan poco, alcanza el clímax cuando su labor creativa -composición musical con letra y música- ve la luz y ésta llega a su destinatario final: el público, en directo y con suerte en una grabación que inmortalice esas canciones.
El cantautor de Gavà Alejandro Martínez (Sant Boi de Llobregat, 1980) llega ahora y no sin dificultades a este segundo encuentro discográfico ofreciéndonos este conjunto de "Orgasmos modernos" (Les nits de l´art-Barnasants).
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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