Si tuviera que sintetizar en una sola palabra la cualidad más determinante de la obra desarrollada por Alejandro Martínez —tanto desde el punto de vista musical, como del poético— elegiría, sin duda, la palabra "sensibilidad"; cualidad presente en toda su trayectoria creativa, pero que progresivamente se ha ido nutriendo y madurando en el ejercicio y en el disfrute de su "libertad".
«Voy a aprender —nos cantaba entonces— a disfrutar de todo cuanto soy,
de todo cuanto doy y es bueno».
Alejandro Martínez acaba de publicar «... QUE TE VOY A ENSEÑAR UN CORAZÓN INFIEL. Alejandro Martínez canta a Jaime Gil de Biedma»; y voy a presentarlo y a comentarlo en tres secuencias.
De Alejandro Martínez yo destacaría, de entrada, dos cualidades que hacen posible —de forma natural— el disco que vamos a comentar
La primera es la afirmación —incuestionable— de que estamos hablando de un gran músico y un magnífico pianista —que también domina el arte de tocar la guitarra—.
Aunque no soy cantautor, me imagino que cualquier cantautor que se precie, sea bueno, malo o ni tanto ti tan poco, alcanza el clímax cuando su labor creativa -composición musical con letra y música- ve la luz y ésta llega a su destinatario final: el público, en directo y con suerte en una grabación que inmortalice esas canciones.
El cantautor de Gavà Alejandro Martínez (Sant Boi de Llobregat, 1980) llega ahora y no sin dificultades a este segundo encuentro discográfico ofreciéndonos este conjunto de "Orgasmos modernos" (Les nits de l´art-Barnasants).
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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