Un muchacho vuela una cometa
sobre una ciudad acorralada.
Sobre el muro su figura juega
a pintar cien mil palomas blancas.
Agarra el cordel con esa fuerza
de quien ha perdido casi todo.
No deja escapar a su cometa.
Desde lo alto se verá
su casa, el olivar,
su ayer y su ojalá.
Un hombre vigila la cometa
levantando su mirada al cielo.
El futuro es sólo una promesa
y el hogar tan sólo es un recuerdo.
Lejos de su casa un hombre espera
manos que le salven del silencio.
Flores de papel el aire lleva
y bajo los escombros
tirita aquella estrella
que marca su retorno.
Luces errantes
en tierra extraña,
sombras del pasado.
Memoria incómoda y frágil,
nuestro legado.
Mírame: existo,
sueño y respiro,
aunque algo cansado.
Llevaré hasta tu casa
ramas de olivo en mis manos.
Futuro aplazado,
duro camino del refugiado.
Luces errantes
en tierra extraña,
sombras del pasado.
Aves de papel hoy sobrevuelan
la playa que fue sangre y espina.
La brisa empuja a mil cometas
como quien sopla sobre una herida.
Agarra el cordel con esa fuerza
de quien ha perdido casi todo.
No deja escapar a su cometa.
Desde lo alto se verá
su casa, el olivar,
su ayer y su ojalá.
Nada saben de olvido y fronteras
el viento que enreda tu cabello
y entre nubes mece a las cometas
que pintan de colores el cielo.
Como un ave que siempre regresa
al lugar en que nacen los sueños,
vuela en lo alto mi dulce cometa.
Y se abrirán mañana
el corazón, la senda
que lleva hasta tu casa.
Luces errantes
en tierra extraña,
sombras del pasado.
Memoria incómoda y frágil,
nuestro legado.
Mírame: existo,
sueño y respiro,
aunque algo cansado.
Llevaré hasta tu casa
ramas de olivo en mis manos.
Futuro aplazado,
duro camino del refugiado.
Memoria incómoda y frágil,
camino a tu lado.
Llevaré hasta tu casa
ramas de olivo en mis manos.
Futuro aplazado,
duro camino del refugiado.
Luces errantes
en tierra extraña,
sombras del pasado.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.