I
La rosa había caído
del ramo que un viejo héroe destartalado
llevaba al Monumento a los Caídos.
Cuando la bandera se izó
y todos los ojos se clavaron en ella,
la recogí sin problemas.
Y continué mi camino
buscando alguna muchacha para ofrecérsela,
porque es uno de los peores pervertidos, quien desea
guardarse una rosa que ha encontrado para él solo.
La primera que encuentro, me ve
y gira la cabeza con desprecio.
La segunda huye
gritando “¡Auxilio!”
Y si la tercera me chafó la nariz
con un golpe muy bien dado,
la cuarta corre, es deprimente,
a buscar a un policía.
Porque hoy en día, es muy jodido,
pero sin segundas intenciones no puedes
adornar con una flor un pecho desconocido.
¡Hemos caído muy bajo!
Y la rosa acabó floreciendo
el ojal del gris vestido
de un comisario feo y obeso.
¡Me siento ofendido!
II
La botella había caído
de la sotana de un borracho
que venía de decir misa de ocho.
Una botella de buen vino
santificado, un vino divino...
La recogí decidido.
Y continué mi camino
buscando una garganta seca que se dejase compadecer,
porque es uno de los peores pervertidos, quien desea
guardarse una botella que ha encontrado para él solo.
El primero rechazó el vaso
con ojo severo y la cabeza gacha,
mientras el segundo me envió
a dormir la mona y no molestar.
Y, si el tercero decidió
echarme el vino a la cara,
el cuarto corrió, es deprimente,
a buscar a un policía.
Porque hoy en día, es muy jodido,
pero sin segundas intenciones no puedes
brindar con un desconocido.
¡Hemos caído muy bajo!
Y con aquel néctar
santificado y divino,
se emborrachó un policía.
¡Lástima de vino!
III
Un apretón de manos nuevecito
yacía, olvidado en medio del camino
por dos compañeros enemistados.
Lleno de polvo, parecía decirme:
“¡Por favor, no me dejes solo aquí!”
Lo recogí con dedos alados.
Y reemprendí mi camino con la intención
de ponerlo de nuevo en circulación.
porque es uno de los peores pervertidos, quien desea
guardarse un apretón de manos que ha encontrado para él solo.
Dijo el primero: “¡Vete, bergante,
no querrás que me ensucie el guante”
El segundo, devotamente
me dio un falso billete de cien.
Y si el tercero -¡la madre que lo parió!-
escupió en mi mano extendida,
el cuarto corrió, es deprimente,
a buscar a un policía.
Porque hoy en día, es muy jodido,
pero sin segundas intenciones no puedes
darle la mano a un desconocido.
¡Hemos caído muy bajo!
Y el apretón sin manos
corrió un destino inhumano,
y acabó su triste camino
en la cangrí.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.