[Versión de Paco Ibáñez]
(Adaptación: Pierre Pascal)
Es adusto, es taciturno,
dueño es del tiempo, tiempo cruel.
Nombre hermoso el de Saturno
pero es un dios, cuidao con él.
Y si el tiempo al seguir su rumbo,
de vez en cuando al descansar
se entretiene matando rosas,
es por matar tiempo sin más.
Y hoy a ti te tocó mi amada
pagar el pato de su crueldad.
El tiempo no perdona nada
y en tu pelo una cana más.
Los poetas todos cantaron
las flores del tiempo otoñal.
Cuando te miro yo proclamo,
flor de mi dicha, que es verdad.
Ven otra vez mi amor, mi vida,
ven, vamos juntos al jardín
a deshojar la margarita
del veranillo se San Martín.
Si tú eres la preferida
que pase el tiempo, qué más da.
Deja a Saturno vivir su vida,
la nuestra en nuestro amor está
y las mocosas de hoy en dia
por mi pueden irse a pasear.
[Traducción a partir de la adaptación al catalán de Miquel Pujadó]
Triste y taciturno,
gobierna el mundo entre bostezos.
Tiene un bello nombre, Saturno,
pero es un dios muy inquietante.
Tiene un bello nombre, Saturno,
pero es un dios muy inquietante.
Mientras camina con los ojos cerrados,
para sacarse el vacío de la cabeza,
se entretiene marchitando rosas:
el Tiempo mata el tiempo como puede.
Se entretiene marchitando rosas:
el Tiempo mata el tiempo como puede.
Este octubre has sido tú, querida,
quien ha pagado sus platos rotos:
un pellizco de sal ha caído
en tus cabellos y los ha plateado.
Un pellizco de sal ha caído
en tus cabellos y los ha plateado.
En otoño nacen flores divinas
-más de un poeta lo ha asegurado-,
Y, cuando te miro, ya adivinas
por mi mirada que es verdad.
Y, cuando te miro, ya adivinas
por mi mirada que es verdad.
Ven de nuevo, aliento de vida:
bajemos juntos al jardín
para deshojar la margarita
del veranillo de San Martín.
Para deshojar la margarita
del veranillo de San Martín.
Tengo de ti la memoria llena
y, si Saturno quiere vaciarla,
me temo que su reloj de arena
de tanto girar se acabará mareando.
Y, por lo que se refiere a aquella mocosa,
por mi puede vestirse y marcharse.
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La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.