Lejos, muy lejos, en la infancia,
hay un país llamado Navidad.
En él, las estrellas, como ropa tendida
o banderas sin asta,
agitándose, gotean
hasta formar charcos plateados
de donde saltan salpicaduras que solamente riman
con niños, sueños y viento.
Lejos, muy lejos, en la infancia,
hay un país que vale por cien.
No es mentira: yo se que viví allí
gastando las suelas por sus calles,
con los ojos como naranjas, la respiración libre,
libre de angustias y de dinero.
Veía la vida a ras de sorpresa
y veía a los hombres a ras de ombligo,
y con una ingenua embriaguez,
convertía el tiempo en mi mejor amigo.
Pero el tiempo es un canalla y un bromista
que disfruta fastidiando
a los que más lo han amado.
Y un buen día, cuando caí de la luna,
me di cuenta de repente
de que me habían engañado:
Ya veía el suelo desde más arriba
pero el cielo subía fuera de mi alcance.
Ya no me hablaban las voces del aire,
mi reino estaba difunto.
Ahora trabajo (ni mucho ni poco),
gano dinero y soy como es debido,
pero si un día un mocoso
me mira y me pregunta “Qué es la Navidad?”…
Si me dice esto, lo miro fijamente
y le respondo:
“Cerca de ti, justo donde pisas,
hay un país llamado Navidad.
Yo solamente lo vislumbro a medias,
proyectado por la clara farola
de tus ojos, aún lejanos
del exilio donde morirás,
del exilio donde yo me encuentro,
donde tengo hecha la cama ya para siempre.
Cerca de ti, justo donde pisas,
hay un país en el cual estás de paso.”
Martirio llevó el pasado domingo 12 de abril al Auditori de Barcelona, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants, su espectáculo Al sur del tango, una propuesta que enlaza las raíces compartidas entre Argentina y España desde una interpretación que es tanto voz como gesto y emoción.
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