La señora Canción es una fulana
(Serrat, Georges Moustaki, Violeta Parra),
una puta tan vieja como el mundo
(Paolo Conte, Pete Seeger y Raimon).
Se adhiere a todos los labios de la tierra
(Chico Buarque, Amèric, Pedro Guerra),
tan promiscua y al mismo tiempo tan fiel
(Ovidi, Paco Ibáñez y Jacques Brel).
La señora Canción es una muchacha
(Nougaro, Georges Brassens y Labordeta)
Y os puedo decir, porque lo sé de buena tinta
(Guidoni, Pierre Perret, Maria Cinta),
que ignora aún el uso de la vagina
(Gato Pérez, Al Tall, Joaquín Sabina)
y cada día renace al salir el sol
(Krahe, Uc, Giorgio Gaber e Imanol).
Se sorprende de lo que ve a su alrededor
(Aute, Llach, Zeca Afonso e Yves Montand)
y os lo querrá explicar, pase lo que pase
(Cohen, Biel Majoral, Daniel Viglietti).
De toda madera hace buena astilla
(Pau Riba, Silvio, Tero y Jaume Arnella)
y es capaz de mudar a menudo de piel
(Gilles Vigneault, Anne Sylvestre y la Rossell),
Pero incomoda a los que cambian de chaqueta
(Barbra Streisand, Oskorri, Jaume Sisa),
y el poder le tiene poca simpatía
(Guillem d’Efak, Bonet, Carlos Mejía)
porque no es fácil poderla controlar
(Carlos Puebla, Renaud, Toni Morlà),
y quisieran ponerle una sordina
(Víctor Jara, Om Kalsoum, la Guillermina).
Si no se deja comprar con cualquier cosa
(Atahualpa, Leclerc y David Broza),
la niegan y la atan de pies y manos
(Joan Isaac, Tomeu Penya y Madredeus),
y azuzan contra ella a los perros del Mercado
(Woody Guthrie, Lertxundi, Jean Ferrat)
e intentan ahogarla hasta que muera
(Lucio Dalla, Francesco di Gregori).
La señora Canción rezuma amor
(Pi de la Serra, Fausto, Luis Pastor)
pero no le sienta bien el exceso de miel
(Peter Gabriel, Leprest y Lluís Miquel).
La señora Canción es alegre y triste
(Caetano, Barbara, Ia&Batiste),
no deja indiferente casi nunca
(Charles Trenet, Milanés, Gilbert Laffaille).
Y puede ser molesta como un piojo
(Paoli, Xabier Lete, Sting, Fonoll)
cuando de noche se te come vivo
(Ute Lemper, Lou Reed y la Feliu).
La señora Canción puede ir elegante
(Hernàez, Gilbert Bécaud, Wolf Biermann)
o casi desnuda y enseñando el culo
(Subirachs, la Laffitte, Gerard Jacquet):
La voz y una guitarra o un piano
(Édith Piaf, Vinicius, Carlos Cano)
a menudo hacen más que toda una orquesta
(Bob Dylan, Reggiani, Quintín Cabrera)
para que las emociones se alcen de proa
(Béart, Léo Ferré, Mikel Laboa)
y surquen el océano más furioso
(Tom Waits, Paco Muñoz, Enric Barbat).
Mientras unos dedos acaricien una mejilla
(Paul Simon, la Gréco, Xavier Ribalta)
y la palabra no sea atropellada por el tren
(Cilia, Hilario Camacho, Jorge Ben),
la señora Canción se sabrá eterna
(Jordi Barre, Gal Costa, Elisa Serna),
eterna como el archivo que me queda cojo
(Carbonell, Yves Duteil y Xesco Boix)
porque lo dejo en suspenso apenas abierto
esperando que lo complete algún experto,
esperando que lo complete alguien un día,
esperando que lo completes tal vez tú.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.