Mientras espero una mujer que no llega,
mientras el tiempo se desangra poco a poco
en la esquina de Carner con Prat de la Riba,
no tengo otra cosa que hacer que mirar a mi alrededor.
Y, para no estar pendiente de la hora,
miro las nubes de formas cambiantes,
contemplo unos niños que juegan aquí cerca
y me invento el pasado de los viandantes,
admiro una fachada modernista
en la cual nunca me había fijado,
y nado en la mirada de amatista
de la muchacha que pasa a mi lado.
Mientras espero una mujer que no llega,
mientras el tiempo se arrastra como un gusano
en la esquina de Carner con Prat de la Riba,
me exprimo el cerebelo y le saco el jugo.
Hallo un verso que hace días que buscaba,
veo un rostro surgido del pozo de los años,
y paso lista a obsesiones y manías,
y hago balance de pérdidas y ganancias.
Fabrico mundos distantes, reparo el nuestro
con las herramientas de la imaginación
-el único pájaro que no conoce límites-
y cavo los cimientos de una canción.
Mientras espero una mujer que no llega,
mientras el tiempo hace camino cojeando
en la esquina de Carner con Prat de la Riba,
me digo que estarme plantado tiene su encanto.
Y la luz que se filtra entre las hojas
de los árboles de la calle me hiere los ojos,
y noto al respirar cómo mil agujas
se me clavan en la sangre, y me enfrento a los escollos
consciente de que soy una delgada membrana de existencia
entre infinitas rebanadas de Nada
y, a pesar de todo, le marco la cadencia
al mundo que nace de mi mirada sorprendida.
Mientras espero una mujer que no llega
y empieza a llover, pienso –todavía seco-
en la esquina de Carner con Prat de la Riba,
en todo lo que me habría yo perdido
si la mujeres que me han florecido la vida
y me la han deshojado a partes iguales,
y me han llevado por el corazón y por las riendas,
hubiesen sido todas puntuales.
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