Si el viento esta noche
soplara hasta donde no he vuelto,
seguro visita tu puerta
y se invita a dormir.
Seguro que queda
atrapado en un mundo
sin tiempo, sin dolor
y habita contigo, a su lado,
una vida de flor.
A cada instante, a cada día
y te desviste en las noches,
y en las mañanas te espía,
y te devuelve los roces
de tu piel junto a la mía,
en la última entrega de amor.
Mi mente en el viento visita
y repite momentos,
que son un tesoro de dichas
que tengo de ti.
En ellos te encuentras sonriendo
y mostrándome el mundo
que haces para mí.
Así que a soñar ser el viento,
en tu piel, aprendí.
Para enredarme en tus cabellos
y arroparte con mis manos,
para colarme en tus sueños
y hacer de invierno, verano.
Y como el viento en esta noche:
sueño y busco, sigo y voy.
Soy el viento que te sigue
en un jardín verde, una tarde.
Mientras tus descalzos pies
vienen y van, rondo feliz.
Soy la trova que emprendió
su más festiva serenata,
soy la brisa que tu mano
roza y se sabe de ti.
Aquí, frente de esta ventana,
tomando el pretexto
de que anda un febrero catorce
en la proximidad,
quisiera poder encontrar
la canción más bonita
que pueda escribir para ti,
que siempre sepas la luz
que traes a mis días.
¿Cómo hacerte un resplandor?
¿Qué sabe este trovador
de manos vivas que te canta?
Que esta noche te levanta
porque no puede dormir así,
sin ti, sin tu calor.
Que habita y vuela en el viento,
que has notado alrededor.
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