Muéstrame esa foto del abuelo
donde esta con la guitarra,
nos mira desde otro tiempo,
y pone ese acorde de do.
Mejor trae todas las otras;
de tu infancia, de tu boda,
tu Primera Comunión.
Una donde te pusieron elegante;
pantalón corto y tirantes,
para hacerte retratar.
Aún recuerdo, cuando yo era niño,
mi incredulidad de ver en él,
al que tengo por mi papá.
Hacen que se vea la vida
como un árbol
y que las tormentas huyan,
tierra adentro, echando flor.
Sólo queda la inocencia
del principio
y en tus ojos miro al niño,
que se ve desde el señor.
Donde ves, desde tus veinte,
en la oficina,
la lente que, de repente,
trajo algo de ti hasta hoy;
cuando en la azotea
estas entre tus hermanos,
y no vayas a olvidarte;
la reunión del comedor.
Esa donde están ustedes,
cada cual con sus asuntos
y pendientes,
cuando los captura un click.
Ya imagino conversar con
los muchachos,
que se sientan a esa mesa,
lo que estamos viendo aquí.
Ratos idos ya,
sueños, momentos, pausas,
que desfilan, se detienen
y nos miran parpadear.
¿Quién podría decir
que soy yo éste a quien cargas
y esa muchacha, contenta
y jovencita,
es mi mamá?
Se alimenta la sonrisa prometida,
con la distancia entendida
y todo así encuadra mejor;
se nos va en conversaciones y promesas
de planes que aún no se empiezan,
y ese chiste, otra canción.
Pasa el tiempo y se prolonga la velada
hasta que se ha hecho muy tarde
y ya se tienen que acostar.
Me despido y salgo a la noche estrellada,
y de regreso hacia mi casa,
me entretengo en el camino,
aficionado a recordar.
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