Digo que besas como una rosa,
digo que bailas como un clavel,
que en tu sonrisa brilla una espátula
—¿pero qué espátula?—
—quita esa espátula,—
—fuera la espátula—
vale, vale, lo cambio...
que en tu sonrisa... brilla el rocío
—brilla el rocío—
y que corre la brisa del mar por tu piel.
Por tus caderas frescos deseos,
por tu mirada un negro temblor,
eras un sueño, eras peñasco,
—¿ahora un peñasco?—
—quita el peñasco—
—fuera el peñasco—
vale, vale, lo cambio...
eras un sueño... eras tan joven
—eras tan joven—
y corría la brisa del mar por tu amor.
Cuando te vi,
cuando te vi,
cuando te vi,
la luna sobre ti
me encandiló,
me alborotó,
me enajenó.
Me dije ¿por qué no?
igual dice que sí,
igual dice que sí,
¿por qué no?
Entre palmeras surgiste un día
con sed de dar un salto sin red
sobre los pasos de alguna mula
—nada de mula—
—quita esa mula—
—fuera la mula—
venga, vale, la quito...
sobre los pasos... de un marinero
—de un marinero—
pues corría la brisa del mar por tu sed.
Junto a la fuente te adormeciste,
yo era en tu sueño un poco mayor
y al despertarte había crisis
—¿qué coño crisis?—
—¿pero qué dices de crisis?—
—fuera la crisis—
fuera el "qué coño",
y al despertarte... había estrellas
y en tu oído la brisa del mar de un cantor.
Cantaba así,
cantaba así,
cantaba así:
mi barca es para ti,
si la sol do,
te engatusó,
te cautivó,
dijiste ¿por qué no?
Igual le doy el sí,
le voy a dar el sí
¿por qué no?
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