Ahora que la vida nos arranca nuestra manta,
y perdido e hipocondríaco, ya no duermo de un tirón.
Ahora que la noche es un rumor de risa ajena
que se aleja por la calle y nos congela el corazón.
Ahora que respiro y resulta más difícil
sacar bajo nuestra piel las astillas del recuerdo.
Ahora que me pierdo las auroras de Madrid
y no suenan en las radios las canciones que te debo.
Ahora que te miras por más tiempo en los espejos,
ahora que necesitamos excusas para emborracharnos.
Ahora que la brisa no enmaraña nuestro pelo,
ahora que ya no marcamos tantos goles con la mano.
Ahora que discuto a gritos con el telediario,
que reconozco en mi enojo las manías de mi padre.
Ahora que en los bares ya no crecen crisantemos,
que regreso de muy lejos y no deshago el equipaje.
Ahora traes la lluvia y, aunque ya no tenga edad,
me desvisto en la tormenta, grito tu nombre en la calle.
Ahora que te encuentro todo se vuelve verdad,
se derrumban los palacios y traes verde a sus solares.
Haces que este otoño ilumine mis mañanas
y haga callar al reloj del vientre del cocodrilo.
Traes un corazón para cada hombre de hojalata.
Ahora cambias mis razones y me vistes de domingo.
Ahora que he aprendido a desaprender las reglas
y que todo temporal nos regala una enseñanza,
y a decir que te amo con 140 letras
o a encerrar en un gin tonic todas nuestras esperanzas.
Ahora que las noches sin tu luz me han enseñado
que toda felicidad deja algún damnificado,
que, en las caracolas, el mar nombra tu recuerdo,
que revuelvo mis cajones para encontrar tu retrato.
Ahora traes la lluvia y, aunque ya no tenga edad,
me desvisto en la tormenta, grito tu nombre en la calle.
Ahora que te encuentro todo se vuelve verdad,
se derrumban los palacios y traes verde a sus solares.
Haces que este otoño ilumine mis mañanas
y haga callar al reloj del vientre del cocodrilo.
Traes un corazón para cada hombre de hojalata.
Ahora cambias mis razones y me vistes de domingo.
Maravillosa canción me tocó el alma, tal como lo hizo la canción vuelvo, en su momento.tiene una atmósfera que estremece,muchas imágenes y su melodía completa la unidad
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.