A ciertas horas de la noche le pesa la estrella
de sheriff que le cuelga del corazón.
Se deja caer en la cama, se saca las botas
y se afloja dos puntos el cinturón,
y se duerme el rock and roll,
y se duerme el rock and roll.
Cuando la noche agoniza, al fin, se duerme el rock and roll.
Y camuflado en el desfile de sombras
que se mueven justo antes que salga el sol,
asoma un tango la cabeza, da un brinco
y toma por la cintura a un farol
cuando duerme el rock and roll,
cuando duerme el rock and roll.
Un farol se marca un tango cuando duerme el rock and roll.
Y ronda lunas y balcones el bolero.
Y un blues, sentimental, se desangra en la acera
viendo como la cumbia mueve las caderas
mientras, indiferente, el vals gira en el cielo,
un dos tres,
un dos tres,
un dos tres,
y con su viejo smoking
y sus zapatos de charol
taca taca taca tac...
salpica charcos el claqué
cuando duerme el rock and roll.
Y se echan a las calles el mambo, la rumba,
la guaracha, el joropo y el cha-cha-chá
y algún que otro vallenato berraco que busca
el camino de vuelta a Valledupar,
cuando duerme el rock and roll,
cuando duerme el rock and roll.
Se escabullen de sus guetos cuando duerme el rock and roll.
Y se sacuden la nostalgia y el olvido
y se ventilan mientras les llega la hora
en que los caprichosos dioses de la moda
les reclamen de nuevo entre los elegidos,
ye ye ye,
wo wo wo,
sha la la,
un pasodoble cañí
desde un tendido de sol,
olé olé olé olé,
pide una oportunidad
cuando duerme el rock and roll.
Y como los ajuares de la Cenicienta,
cuando el alba se impone a la oscuridad
todo se desvanece en un visto y no visto
al despertar el sheriff de la ciudad.
Pero cuando duerme el rock and roll,
cuando duerme el rock and roll,
otros le hablan al silencio cuando duerme el rock and roll.
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