Ponme un bolero con ron, camarero,
que los boleros con ron parecen menos boleros.
Ponme un bolero con ron, camarero,
que mezclado con licor aunque estruje el corazón,
duele mucho, mucho, mucho menos.
Él me quería tanto, a su manera,
pero que extraña manera tenía de querer,
le contentaba verme por las aceras,
borracha de pena y sedienta de piel, de su piel.
Ponme un bolero con ron, camarero,
que si no bebo me muero, ay, pero si bebo es peor.
Y aunque no seas mi amigo,
el destino ha querido que seas tú, camarero,
el que eche los trocitos de mi corazón al cenicero.
Ni un ataque de celos, ni una llamada,
ni fulminante mirada o cruel maldición.
Hubiera preferido una puñalada a su risa indolente
cuando se marchó, cuando se marchó.
Ponme un bolero con ron, camarero,
llena esa copa de nuevo que ahogue mi resignación.
Que aunque no seas mi amigo,
el destino ha querido que seas tú, camarero,
el que eche los trocitos de mi corazón al cenicero.
Ponme un bolero con ron, camarero,
que los boleros con ron parecen menos boleros.
Ponme a mí otro bolero con ron, camarero,
que mezclado con licor
aunque sufra el corazón duele mucho,
mucho, mucho, mucho menos.
Yo la seguía y ella me huía.
Yo le buscaba y se escondió.
Yo la besaba, ella me mordía,
y se reía de mi amor.
Le veneraba y me maldecía.
Por santiguarme me comulgó.
Y me decía que me quería,
pero me daba solo dolor.
Martirio llevó el pasado domingo 12 de abril al Auditori de Barcelona, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants, su espectáculo Al sur del tango, una propuesta que enlaza las raíces compartidas entre Argentina y España desde una interpretación que es tanto voz como gesto y emoción.
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