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Aparece en la discografía de

Yarará


(Voy hundido boca arriba y ella pasa sobre mí,
ondulando la deriva, sin apartarse de aquí).
Mientras vea tu vientre helado a contraluz meridional
deberé seguir ahogado de este lado, yarará.

En el agua o en la leña hay un nudo del azar
donde tu sueño se anega en ciega fatalidad.
Sobre el piso de tu instinto pisa el peso de mi andar
y a mi paso, hecho el ovillo, tus anillos, yarará.

Lo que tu cabeza mira con certeza de animal
es el sitio de la herida que no se puede evitar.
Triangulada puntería de pupila vertical
y la piel roja y hendida donde deberá sangrar.

Yarará, yarará.
Yarará, yarará.


Ahora cuando me despierto me vuelve tu quemazón
en un fino hilo de acero que me cruza el corazón;
traza de arenosa llaga y una sed que no se va,
brasita que uno la traga y no se apaga, yarará.

Cada cual lleva su estigma, cada cual su sinrazón,
en mí el rumbo que me signa y en tu ser la condición
de lo vano y de lo pleno, y en plena casualidad
me desvivo y me despeno en tu veneno, yarará.

Las puertas de tu mordida no se pueden elegir;
el que no muera enseguida para siempre va a sufrir.
Cuelgo yo herido y no muero en los palos de mi cruz,
ando yo despierto y ciego y ella dormida en la luz.

Cuelgo yo herido y no muero en los palos de mi cruz,
ando yo despierto y ciego y ella dormida en la luz.







 
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