El aire nace en tus ojos, y del aire el horizonte. Y el horizonte es un monte claro que nace en tus ojos. Tus ojos son dos antojos de luz recién estrenada, ojos de noche estrellada, ojos que son el camino cuyo único destino es volver a tu mirada. Y por el monte que invento para tus ojos, mujer, el viento se echa a correr, se nos vuelve loco el viento y hasta el mar, cuánto lo siento, se desespera en las rocas. Anda, ve al mar; si lo tocas, se me acallará en el pecho donde anda el tiempo deshecho, porque hasta el tiempo equivocas. Para llegar a tus ojos hay que ser mar, aire, ríos... ojos tuyos que son míos porque yo nazco en tus ojos, y rehago los antojos de la luz con que inauguras la primavera en que auguras otra lluvia, otro horizonte, un verde nuevo del monte, donde no estás y perduras.
Caminito de la playa
montado en una esperanza,
mi madre inspira confianza
retando la guardarraya.
La sorpresa se me calla
del mar que aún no conozco,
tan sólo al fin me complazco
cuando virando un recodo
me doy cuenta que no hay modo
de describir tal hallazgo.
¡Inmenso azul gigantesco,
río de una sola orilla!
¡Bandeja de maravilla,
y universo de refresco!
Rápidamente me ofrezco
a tal almuerzo de espuma.
Voy disipando la bruma
que el asombro me causaba.
Ya una ola me tapaba.
¡Nos pasaba por encima!
La mata de uva caleta
muerta de risa en la orilla
le ofrece una amplia sombrilla
a dos niñas pizpiretas
que desentierran coquetas
dos caracoles rosados
y los ponen a los lados
del castillito de arena
que el mar descubre y lo llena
convirtiéndolo en poceta.
¡Qué caprichos tiene el mar
en cuanto llega a la orilla
reclama su libertad!
Qué poco duró la risa
de este día inolvidable.
El azul inalcanzable
se anaranjó a toda prisa.
El sol se puso una trusa
y se lanzó al horizonte,
cogió fuego todo el monte.
Mi madre desde la orilla
reía de maravilla,
daba gracias a la brisa.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.