Dios y el diablo van susurrando cosas a mi espalda,
la Virgen en camisón se pasea y del lado de la fábrica
suena un motor.
Sus bicicletas húmedas descansan en el pasillo,
el invierno vino colorado pero esta vez no hay vino
para los dos.
Son dos desocupados más,
lo justo se hizo moda
y el verso casi un verso de verdad
y el trabajo una zona que no está.
Aburridos jugadores con los naipes marcados siempre en el siete,
la radio que habla sola y que transmite el empate de Ferro y de Platense
cero a cero.
Se prohíbe hablar del mundo en esas salas,
Dios y el diablo van remendando madrugadas,
y no entiende nada.
La Virgen, como mujer,
los engaña, los consuela
y les dice que a la vuelta siempre hay algo que pagar.
Muchachos, hay que comer, salgan para el taller.
El diablo que se aburre, que hace sebo, que va al baño y fuma un caño.
Dios, buen operario, cuida el puesto y entre dientes silba un tango
que habla de Él.
"Vamos donde hay sol"
El diablo que conoce mil lugares donde hay minas y algo como amor.
Dios le dice "Hay que aguantar"
a mí con la hora extra ya me alcanza para hacerme un viaje a pie a Lujan.
Y, cerca de las seis, el pito que resuena en el tinglado entristece mucho más.
La Virgen, como mujer,
los engaña, los consuela
y les dice que a la vuelta siempre hay algo que pagar.
Muchachos, hay que comer, salgan para el taller.
Martirio llevó el pasado domingo 12 de abril al Auditori de Barcelona, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants, su espectáculo Al sur del tango, una propuesta que enlaza las raíces compartidas entre Argentina y España desde una interpretación que es tanto voz como gesto y emoción.
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