La música más antigua fue la voz humana. De algún modo se podría decir que el hombre la descubrió dentro de sí mismo, esa música que ya estaba contenida en los rudos antepasados sonoros de la palabra, cuando todavía iban a ser necesarios millares de años antes de que la primera de ellas pudiese ser formada.
La música estuvo siempre, latente, dentro del hombre, como una posibilidad, pero, múltiple y rumorosa, habitaba también la naturaleza. Los pájaros ya cantaban, el viento silbaba en las cavidades de las grutas, las cascadas tronaban como una anticipación wagneriana, y todo esto junto, y lo demás que se imagina, constituía la gran orquesta de la naturaleza, donde un asiento vacío esperaba la llegada del hombre. Que por fin apareció trayendo en las manos un hueso con orificios al que llamaría flauta. Y también un objeto redondo y hueco, con una piel estirada sobre la abertura, que recibiría el nombre de tambor.
Traía también su propia voz, y fue sin duda uno de los momentos más sublimes de la historia de la humanidad aquel en que un ser humano, hombre o mujer, se levantó para cantar. De esto mismo, aunque a primera vista pueda no parecerlo, tratan las canciones reunidas por Kepa Junkera en esta singular grabación que seguramente apuntará nuevos rumbos en la composición y en la interpretación musical. Cantar la lengua del otro es el primer desafío.
El Festival BarnaSants 2026 iniciará el 27 de enero, en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, su 31.ª edición con un concierto de homenaje al cantautor Lluís Llach, que conmemorará el 50.º aniversario de los míticos conciertos de enero de 1976. El espectáculo reproducirá, medio siglo después el repertorio original íntegro de aquellos conciertos con la participación de artistas como Manel Camp, Santi Arisa, Borja Penalba, Gemma Humet o Joan Reig, entre otros.
Una grabación inédita de Mercedes Sosa, registrada en la televisión suiza en 1980 y restaurada 45 años después, permite redescubrir la voz de la cantante tucumana en pleno exilio, en un momento de plenitud artística atravesado por la tristeza del desarraigo y la imposibilidad del regreso.

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