Habría que vivir varias vidas para devolverle a Serrat todo lo que él me ha entregado. Y una sola de estas vidas ya sería para agradecerle el haber generado la chispa que luego se convirtió en el incendio de compartir sueños y quimeras con Henry Martínez.
Henry Martínez es un hombre limpio de sonrisa y franco en el gesto. Es sabio porque sabe escuchar y escucha con los ojos. Y lo hace con tal intensidad que a alguien le podría parecer que está inventando melodías para ponerle a tu voz. Como buen compositor administra con la misma delicadeza tanto sus silencios como sus palabras. Y sus palabras, cuando llegan, llegan preñadas de amor y como si llevaran años envejeciendo —mejorando— y te atraviesan como un buen vino carnoso y largo en boca que aún las llevas encima después de haberte despedido de él. De su paso un tanto cansado se deduce que más de un palo le ha dado la vida y lleva consigo la soledad de aquel que no sabe cuánto es querido. Y es muy querido porque cuanto ser humano he conocido honrado por su amistad, ha sido seducido por la bondad de un hombre bueno.
Serrat —siempre Serrat— el mensajero de esa puta vestida de verde que es la Fortuna, no te regala nada si no es puro, si no es grande, si no es bueno.
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La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.

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