El dúo boliviano Negro y Blanco actuó en BarnaSants por segundo año consecutivo.
La primera mala noticia —y afortunadamente última del concierto de anoche— fue la ausencia del trovador Luis Rico. Problemas de última hora lo retuvieron en La Paz privando al público —que abarrotó el auditorio de la Casa América de Catalunya— de un concierto único en el que se proponía un mano a mano entre dos generaciones de trovadores bolivianos.
Este año el BarnaSants estrenaba convenio de intercambio entre trovadores bolivianos y catalanes al igual que se hizo el año pasado con el Centro Pablo de la Torriente Brau de Cuba. Confiemos en que esta ausencia no tendrá repercusiones en la continuidad de tan excelente idea.
En este sentido Christian Benítez y Mario Ramírez insistieron ayer en la idea del mestizaje, del intercambio, de la integración. Del respeto por la cultura del que viene y del respeto por la cultura del que está. Y de la suma de ambas que al fin y al cabo es lo que nos hace avanzar como pueblos.
Los Negro y Blanco reivindican ante la canción-protesta —a la que no renuncian y de la que no se sienten ajenos— la canción-propuesta. Interesante idea puesto que la protesta sin propuesta es, de hecho, una queja.
Empezaron, como no podía ser de otra manera, con "Píntame Bolivia" y siguieron con varias composiciones en la más pura lírica de la trova como a "A quemaluz" y "Ellas". Hubo tiempo también para la recuperación de canciones antiguas como "Tesis" y al final para las canciones más inspiradas en los bailecitos, cuecas, caporales y chacareras.
Fue un concierto fresco, ameno, con tiempo para todo. Un concierto para escuchar, reflexionar, emocionarse y divertirse. Esperemos que esto, y el éxito de público, provoquen un nuevo regreso.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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