Guiu Cortés, conocido artísticamente como El Niño de la Hipoteca, consiguió romper la barrera tácita y psicológica de presentarse ante un público desconocido, para acabar con el ánimo efervescente un concierto que fue en continuo “in crescendo” hasta la nota final.
![]() Guiu Cortés, El Niño de la Hipoteca, en el Centro Cultural Florencio Sánchez de El Cerro en Montevideo.
© Josep Maria Hernández Ripoll
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Tardó un poco en entrar en calor. La jornada dominical afectó la convocatoria aunque durante todo el recital no cesó el continuo goteo de asistentes que decidieron hacer acto de presencia en el Centro Cultural Florencio Sánchez de El Cerro.
El Niño de la Hipoteca es un músico más efectivo que técnico. Lo suyo es pura pasión por el arte de cantar historias, temas caricaturizados de la vida cotidiana, con letras ricas en ironías y dobles sentidos.
El cantautor barcelonés ofreció un repertorio bilingüe cantando piezas en catalán como Som uns animals, junto a otras escritas en castellano como Bye bye, cuya musicalización estuvo perfumada de aromas rioplatenses. Interactuando con el público durante sus divertidas presentaciones, Guiu Cortés, El Niño de la Hipoteca, demostró haber nacido para subirse a los escenarios con este punto de showman con el que da otra dimensión a sus actuaciones.
Versionó a Serrat con La tieta y acabó el concierto con una sorprendente performance de rapidez ejecutiva cambiando continuamente la letra, cosiendo estrofas de temas muy conocidos del pop internacional y de la canción de autor, para hilvanarlos sobre tres acordes y empalmarlos con una de sus canciones más emblemáticas: Que te vaya bien. Y eso mismo le deseó el público demostrándole su entusiasmo.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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