Un puñado de canciones personales y directas integran "Mediocre", la destacada placa debut de la cantautora mexicana Ximena Sariñana.
Redacción/Reporter - Nacida en Guadalajara en 1985, Sariñana es una de las nuevas voces de la música pop mexicana y, a pesar de haber iniciado su carrera hace muy poco tiempo, ya ostenta varios reconocimientos, como un Premio MTV a Artista Revelación y dos nominaciones al Grammy Latino.
Es que gracias a un estilo singular e inspirado, la joven de Guadalajara ya se hizo un lugar entre las artistas más personales de su país, al lado de figuras consagradas como Julieta Venegas y Natalia Lafourcade.
Producido por el argentino Tweety González (histórico colaborador de Soda Stereo y Fito Páez) y el uruguayo Juan Campodónico (integrante de Bajofondo y músico de Jorge Drexler), "Mediocre" ofrece una serie de composiciones elegantes de tono confesional, en la línea de intérpretes internacionales como Fiona Apple y Kate Nash.
Con el piano —un instrumento que Sariñana aprendió a interpretar en su adolescencia— como hilo conductor de las melodías; la mexicana despliega un delicado universo sonoro en el que conviven encanto pop y potencia rockera.
A nivel vocal, la artista posee una voz cristalina, llena de matices y con algunos fraseos jazzeros, que se luce en canciones como "Reforma", "No vuelvo más", "Sintiendo rara" y "Un error".
Aunque donde más brilla esta talentosa cantautora es en temas potentes como "Mediocre", el tema que abre el disco; la pegadiza "Vidas paralelas"; la personalísima "Normal" y la melancólica "Cambio de piel".
Lo que convierte a "Mediocre" en el inicio del camino para una figura original y talentosa, que trae una bocanada de aire fresco al panorama del rock latino actual.
Ximena es hija del director de cine Fernando Sariñana y en su otra faceta —la de actriz— ha participado ya en dieciséis películas.
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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