El 10 de marzo se cumplirán 20 años en que Ovidi Montllor, con un hilo de voz y sin maletas, se fue de vacaciones y lo echamos en falta.

Ovidi Montllor representa en carne viva el compromiso con su pueblo y con su cultura y lengua pero también representa su compromiso con los trabajadores y la libertad. Olvidar a Ovidi es vaciar de sentido, una por una, estas palabras.
En el décimo aniversario organizamos el Año Ovidi con cientos de encuentros y homenajes por todo el país y mucha gente descubrió y redescubrió uno de nuestros cantantes más queridos. De manera espontánea se extendió su figura y obra y prendió definitivamente en la vida de muchas personas.
Siempre es la hora de celebrar a Ovidi Montllor pero ahora tenemos un aliciente especial: se cumplen 20 años y ya vuelve a tocar.
Por eso me gustaría —a la manera de Josep Lozano con la fiesta Estellés— invitar a celebrar Ovidi con la "Fiesta Ovidi Montllor, 20 años de vacaciones".
Que cada pueblo y ciudad tenga este año una "Fiesta Ovidi Montllor, 20 años de vacaciones" con gente reunida para recordar la obra de Ovidi: las canciones, los poemas, las películas, el teatro... o simplemente brindar y comer por él.
Siguiendo verso por verso la canción de Les meves vacances o sin más indicaciones ni límites que la imaginación de los organizadores de cada "Fiesta Ovidi Montllor, 20 años de vacaciones"
Es hora de que el país retorne a Ovidi la estima y el compromiso que él tuvo con su pueblo: otra vez de parte de los buenos.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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