El trovador y escritor napolitano Alessio Arena nos contará en forma de cuentos una a una las canciones de su nuevo disco La secreta danza en exclusiva para CANCIONEROS. Hoy, la primera, La veu subterrània (La voz subterránea)
Ésta es la historia de Él y él. He aquí, en la primera línea del cuento, su secreto desenlace: Él se volvió él, hubo fluir de sentimientos extraños en su corazón de vaca, hizo vacío allí dentro, como para recibir al más ansiado y esperado de los invitados. Y él acabó siendo Él, su pequeñez se dilató y se fortaleció tanto que la gente ya no lo reconocía, ni lo reconocía él. Un día, los dos viajaron a una isla volcánica del Atlántico: allí se alojaron en la casa de Ismael Arriaga, pescador experto en la caza a la corvina rubia y al chanchito, especies de peces monógamos, muy ricos en fósforo y ácido fólico.
"Este último elemento", les explicó Ismael, "es un tipo de vitamina indispensable, cuya deficiencia, en los seres humanos, causa retraso en el crecimiento". Luego, viendo que ni él ni Él hacían mucho caso a tal afirmación, el pescador soltó algo más poético y pretencioso: "El mar está lleno de peces subterráneos y peces superficiales" dijo. "Nadan y viven a alturas muy distintas, hacen recorridos diferentes, es difícil que puedan andar juntos".
Él y él se miraron y se quedaron callados.
El tiempo pasó, y los dos también fueron a Cancún, a los desiertos, a las ciudades divididas por ríos, pasaron muchas Navidades juntos, engullían ácido fólico sin parar, y el crecimiento seguía siendo un juego de ruleta: antes se crecía más Él, luego le tocaba a él. Hacían recorridos diferentes, sin darse cuenta.
Hasta que un día Él le dijo a él que se iba. Es decir, que hacía ya mucho tiempo que se había ido.
Los dos vivieron la más subterránea y superficial historia de amor que los psicólogos clínicos hayan estudiado jamás.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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