El trovador y escritor napolitano Alessio Arena nos contará en forma de cuentos una a una las canciones de su nuevo disco La secreta danza en exclusiva para CANCIONEROS. Hoy, la primera, La veu subterrània (La voz subterránea)
Ésta es la historia de Él y él. He aquí, en la primera línea del cuento, su secreto desenlace: Él se volvió él, hubo fluir de sentimientos extraños en su corazón de vaca, hizo vacío allí dentro, como para recibir al más ansiado y esperado de los invitados. Y él acabó siendo Él, su pequeñez se dilató y se fortaleció tanto que la gente ya no lo reconocía, ni lo reconocía él. Un día, los dos viajaron a una isla volcánica del Atlántico: allí se alojaron en la casa de Ismael Arriaga, pescador experto en la caza a la corvina rubia y al chanchito, especies de peces monógamos, muy ricos en fósforo y ácido fólico.
"Este último elemento", les explicó Ismael, "es un tipo de vitamina indispensable, cuya deficiencia, en los seres humanos, causa retraso en el crecimiento". Luego, viendo que ni él ni Él hacían mucho caso a tal afirmación, el pescador soltó algo más poético y pretencioso: "El mar está lleno de peces subterráneos y peces superficiales" dijo. "Nadan y viven a alturas muy distintas, hacen recorridos diferentes, es difícil que puedan andar juntos".
Él y él se miraron y se quedaron callados.
El tiempo pasó, y los dos también fueron a Cancún, a los desiertos, a las ciudades divididas por ríos, pasaron muchas Navidades juntos, engullían ácido fólico sin parar, y el crecimiento seguía siendo un juego de ruleta: antes se crecía más Él, luego le tocaba a él. Hacían recorridos diferentes, sin darse cuenta.
Hasta que un día Él le dijo a él que se iba. Es decir, que hacía ya mucho tiempo que se había ido.
Los dos vivieron la más subterránea y superficial historia de amor que los psicólogos clínicos hayan estudiado jamás.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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