Hay alguien que vela cuando todo el mundo duerme y alguien que hace el amor con una chica núbil. Vagando por la librería del FNAC encontré una antología de Miquel Martí i Pol. Aunque a partir de un momento dejó de acompañarme fue mi primer poeta, y abrí el libro y me reencontré. Nuestra vida son muchos hilos y si los estiras puedes ver el comienzo. Volver a leer algunos poemas de Martí y Pol fue exactamente revisitarme. Las primeras estructuras, los primeros ritmos. Los primeros versos copiados, el primer mundo referencial. Así aprendí a escribir. Hay alguien que vela cuando todo el mundo duerme, alguien que hace el amor con una chica núbil. He oído decir que eso es cursi, pero mientras iba de un poema al otro, más que sorprenderme los que todavía me sabía, me sorprendió la cantidad de cosas que estos versos saben de mí. Me senté encima de un cajón y empecé a pasar las páginas. Estos versos tienen toda la información de cómo fue mi vida mientras los leí. Incluso ahora que ya no me dicen nada, incluso ahora que ya no me servirían, lo siguen sabiendo todo de mí, conservan intactos los datos. Estos versos son mi manera de concebir un texto, el gusto por una determinada retórica que imitada una y mil veces es la retórica que hoy utilizo; estos versos lo saben todo de mí aunque ya no puedan acompañarme. Son el comienzo del hilo que estirándolo me ha llevado hasta aquí, la dureza de la primera tozudez. Una civilización son sus poetas, y cuando al principio del hilo no hay poetas es la barbarie. Una civilización son sus cadencias y su imaginario. Su versificación, sus himnos. Hay todo eso y alguien que vela cuando todo el mundo duerme, alguien que hace el amor con una chica núbil.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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