Exposición «Fabricantes de tonadas. Constructores de instrumentos musicales en Valladolid»
Instrumentos que hablan: el sonido de la tradición
Enmandilados o castrados, los carneros de punta portaban cencerros al cuello para guiar a los rebaños trashumantes de merinas por cañadas, cordeles y veredas gracias al sonido que desplegaban y que el etnógrafo Joaquín Díaz, a través de una exposición, ha elevado a la categoría de instrumentos musicales.
Enmandilados o castrados, los carneros de punta portaban cencerros al cuello para guiar a los rebaños trashumantes de merinas por cañadas, cordeles y veredas gracias al sonido que desplegaban y que el etnógrafo Joaquín Díaz, a través de una exposición, ha elevado a la categoría de instrumentos musicales.
Inauguración de la exposición «Fabricantes de tonadas. Constructores de instrumentos musicales en Valladolid», en la Sala Municipal de Exposiciones de la Casa Revilla.
© EFE|Nacho Gallego
EFE | Roberto Jiménez - Guiaban al ganado pero también ayudaban a los pastores a localizar reses despistadas en majadas y descansaderos durante las largas travesías de ida y vuelta en busca de pastos propicios, un sonido de múltiples matices en función de su tamaño y misión que, desde más allá del Quijote, cuenta con una literatura propia.
Uno de esos cencerros, fechado en 1930 y fabricado artesanalmente por Urbano Jiménez, un pastor trashumante de Cervillego de la Cruz (Valladolid), forma parte de la exposición Fabricantes de tonadas, promovida por la Fundación Joaquín Díaz e inaugurada este miércoles en Valladolid, donde podrá verse hasta el 10 de noviembre.
Memoria y tradición
"Más allá del lenguaje, de la palabra, llegaba el lenguaje de los sonidos que es emocional y con el que recordamos" otros tiempos en forma de canciones o los oficios donde encontraban su ser, ha explicado Díaz durante la presentación de este muestrario que eleva a categoría musical una botella de anís, una matraca o un reclamo de caza, entre otras piezas destinadas a una finalidad específica.
Hermanas mayores de los cencerros son las campanas que fabricaban maestros artesanos, nómadas como los pastores en busca de encargos por diferentes lugares como hizo Pedro Guerra en Tordesillas y Castrillo-Tejeriego, también en Valladolid, cuyo nombre se aprecia en el bronce de un ejemplar fechado en 1834 y que forma parte de este muestrario junto a otra treintena de piezas.
De menos tamaño son las campanillas que, antes de los llamadores de bronce o hierro, se colocaban en las puertas de las casas, también en los hospitales o conventos para avisar de la llegada de algún demandadero, peregrino o visitante. En Valladolid se afincó el francés Juan Bautista Feraud con taller propio a mediados del XIX, de donde procede el ejemplar expuesto en la Casa Cultura Revilla.
Fabricantes
Musicólogo, investigador y profundo conocedor de la cultura tradicional, Joaquín Díaz ha censado un buen número de fabricantes, almacenistas, vendedores y reparadores de instrumentos musicales durante el siglo XVIII, como un clavicordiero y entallador; a lo largo del XIX, hacedores de dulzainas, pianos y acordeones; y también el XX: de organillos y ocarinas.
De esa dedicación específica forman parte las industrias auxiliares de las mismas para reparar o abastecer pieza como pipas para dulzainas, cuerdas para violines y guitarras o parches para tambores y carracas que también ha censado y divulgado este musicólogo.
Reclamos cinegéticos
Categoría musical ha conferido también a los reclamos cinegéticos como una "chilla" para conejos datada en 1945 y que fue propiedad de Paulino Fadrique "Vitines", cazador y fabricante de estos artilugios y amigo de Miguel Delibes.
Fabricantes de tonadas recoge una treintena de instrumentos de cuerda, viento y percusión que en su mayoría guardaban una vinculación con alguna actividad de la vida cotidiana, utilidad y destino a más del solaz y deleite que se le supone al sonido que procuraban para esos desempeños.
El visitante puede contemplar, hasta el 10 de noviembre, campanas, cencerros y cascabeles, una dulzaina, un pito de caña y varias flautas de misión que empleaban como reclamo los religiosos que recorrían los pueblos para predicar o evangelizar en el siglo XVIII.
Desfilan también en este muestrario una matraca, castañuelas y tejoletas, una tablilla junto a una brocheta e incluso una botella de anís para rascar, un tamboril, hierros y sonajeros, además de documentos comerciales alusivos.
"Probablemente los ciudadanos de tiempos pasados tenían muchas más y variada información musical que nuestros convecinos actuales, pero esto es otro cantar y otra tonada", ha concluido.
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