Centenario del descubrimiento del Machu Picchu
Celso Garrido Lecca rememora su obra Elegía a Machu Picchu
Mucho antes que se escribieran los temas de música popular que por estos días estamos escuchando por el centenario del Machu Picchu, ya existía una composición académica sobre este: Elegía a Machu Picchu. Esta es una pieza para orquesta del destacado compositor peruano Celso Garrido Lecca (Piura, 1926), cuyas obras sonaron y fueron premiadas en todo el mundo.
Mucho antes que se escribieran los temas de música popular que por estos días estamos escuchando por el centenario del Machu Picchu, ya existía una composición académica sobre este: Elegía a Machu Picchu. Esta es una pieza para orquesta del destacado compositor peruano Celso Garrido Lecca (Piura, 1926), cuyas obras sonaron y fueron premiadas en todo el mundo.
Celso Garrido Lecca.
Esta sinfonía data de 1965, luego de que Celso Garrido Lecca terminara estudios en Estados Unidos y llegara a la Universidad de Chile al departamento de composición musical para un proyecto por encargo.
"Un profesor alemán nos encomendó la tarea de realizar obras cortas para orquesta beethoveniana (de pocos instrumentos) más arpa", cuenta el músico.
Luego, Garrido Lecca explica que se inspiró en un poema de Martín Adán, La mano desasida, en el cual el poeta dialoga con el santuario e incluso inserta partes leídas del texto.
"Los versos dan la idea de Machu Picchu como presencia, como espíritu. Es un hecho histórico más que un hallazgo arqueológico. Y eso en música se puede expresar muy bien", afirma el compositor.
Asimismo, opina que su sinfonía "no es descriptiva de un espacio, es más que nada el poema de Adán".
El músico se refiere a ese tiempo como "una época productiva, los compositores queríamos tener raigambre en cada país, buscando un sentido histórico". Destaca a colegas suyos como Teodoro Valcárcel, del Cusco, o Carlos Sánchez Málaga, arequipeño radicado en Lima.
Sinfonía sobreviviente
A su regreso al Perú en 1973 después de su larga estancia en Santiago —donde trabajó entre otros con Víctor Jara—, asume la cátedra de Composición del Conservatorio Nacional de Música y posteriormente desempeñó el cargo de director de dicha institución.
Recuerda con nostalgia esos años, pues aunque considera que el compositor latinoamericano tiene "una conexión con la realidad concreta y eso se refleja en su acción social", siente que la música académica no pasa por un buen momento.
"En los años cuarenta, cuando abre el Conservatorio Nacional de Música, había más conexión de las instituciones musicales con el público, lo que ha ido decayendo. Hoy la calidad ha bajado", opina.
Sin embargo, entiende que se trata de un hecho global. "La música sinfónica en el mundo no tiene mayor importancia, la esperanza son los nuevos compositores, muchos de ellos hacen grandes esfuerzos por sobresalir. Y hay una isla de salvación: filarmonía", concluye.
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