En la Usina del Arte
Aca Seca: resignificando las formas del folclore argentino
Un amplio espectro de músicas, tradiciones y experiencias aparecen interpeladas por el trío Aca Seca, que se presentó en la noche del sábado en la Usina del Arte (Barrio de la Boca, Buenos Aires) a modo de prólogo de la grabación de su nuevo álbum, y que constituyen un modo de asumir aquello que, aunque siempre en movimiento, se puede sintetizar como música argentina o —a riego de contradecir los parámetros de la industria— incluso folclore.
Un amplio espectro de músicas, tradiciones y experiencias aparecen interpeladas por el trío Aca Seca, que se presentó en la noche del sábado en la Usina del Arte (Barrio de la Boca, Buenos Aires) a modo de prólogo de la grabación de su nuevo álbum, y que constituyen un modo de asumir aquello que, aunque siempre en movimiento, se puede sintetizar como música argentina o —a riego de contradecir los parámetros de la industria— incluso folclore.
Aca Seca en la Usina del Arte.
Télam | Mariano Suárez - Aca Seca no va sin brújula en busca del hecho artístico, que no aparece en forma espontánea y, si así fuera, lo deseable es que ocurra ante músicos dispuestos —y con competencias— para conjugarlos con estructuras, formas y construcciones que sólo pueden ser hijas del estudio, sea formal o heredado de la tradición oral. Como reclamaba aquella prerrogativa de Picasso: "Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando". Si no, el hecho artístico vale solamente como acto expresión individual, sin posibilidad colectiva.
En esa línea —la de la creación atravesada por el estudio y las formas sedimentadas de la tradición— es que el trabajo de Juan Quintero (guitarra y voz), Mariano Cantero (percusión y voz) y Andrés Beeuwsaert (piano y voz) ha atizado el ambiente musical desde hace más de quince años, un camino que se reflejó en los discos Aca Seca (2003), Avenido (2006), Ventanas (2009) y Hermano (2014), este último con el quinteto liderado por Diego Schissi que, ya en territorio del tango, ensaya un movimiento equivalente (y paralelo) al del trío.
Exhumar las tradiciones más antiguas de la música no les impide, por caso, mostrarse a la vez como estandartes de cierta innovación compositiva, especialmente a partir de la caligrafía de Quintero, o de explorar relaciones de intercambio con otros que, en la misma escena, realizan una apuesta similar.
Del primer enunciado es ejemplo, entre más, la chacarera Maricón, que formó parte del programa de anoche y que insinúa las posibilidades abiertas de esa especie musical tantas veces condenada a la repetición.
De las formas de potenciarse con otros compositores del mismo original pulso, hubo en la Usina del Arte huellas del trabajo de Edgardo Cardozo (Ir yendo) o la intervención del dúo Será Arrebol, apoyado en la composición de Nacho Vidal y a voz de Nadia Larcher.
Y luego, claro, un entramado de relaciones con autores reconocidos como Hugo Fattoruso (Hurry), Jorge Fandermole (Carcará o Huayno del diablo) o Pepe Núñez y Juan Falú (Agarrao) cuya mera elección resulta una ejercicio afirmativo sobre el modo de aproximarse a la música del continente.
El desenlace del concierto, capitalizando las posibilidades acústicas de la Usina del Arte, el trío cerró la noche con canto sin instrumentos ni amplificación, una fórmula que ha sido explorada en todo el recorrido de Aca Seca y que remite incluso al origen de la formación en ensayos y clases corales.
La respuesta del público fue contundente. El auditorio de la Usina del Arte estaba repleto y buena parte del público debió marcharse sin conseguir una entrada.
Al fin, una demoledora respuesta a la lógica de la música industrial que expulsa la belleza cuando viene asociada a alguna complejidad de formas.
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