Agua, tierra, fuego y viento
un amor profundo, luminoso, singular.
Te amo con el alma, te amo sin medida,
te amo solamente como nadie supo amar.
Pero no estoy sola, este amor que nos protege
viene acompañado como río rumbo al mar,
trae enamorado agua, sol y peces
y refleja un cielo donde vamos a volar.
Cuando yo te abrazo no te abrazo sola,
te abraza conmigo una eternidad,
te abrazan los valles, las montañas y los vientos,
las flores del campo y el olor del pan.
Cuando yo te beso, no te beso sola,
azúcar te traigo del cañaveral.
Soy como la tierra para darte fruto,
soy de miel morena para amarte más.
Esto sentimos por ustedes,
nuestro continente amado latinoamericano
Vengo desde siglos, traigo voces y señales
que salen del fondo de la tierra por mi voz.
Cuando digo te amo, te aman los frutales,
la luna que enciende en mis ojos el carbón.
Por eso te cuido, te extraño, te nombra mi canción,
por eso te apaño con mis manos de algodón.
Que nada ni nadie pueda hacerte daño,
te pongo de escudo el parche de mi corazón.
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.