Nuestra ciudad
roja por la mañana está
y negra por la noche va
frente a su mar de cielo
grande,
nuevo.
Nuestra ciudad
camina sin la soledad,
espejo de una realidad,
pues tiene un gran lucero
nuestro,
nuevo.
Los dos
respirando los parques y andando.
Los dos
caminando muy juntos las calles.
Los dos
hablando, en nuestro suelo,
la bella ciudad,
nuestra ciudad.
(1967)
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
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