Oda a mi generación
un hombre se sube sobre sus derrotas,
pide la palabra
momentos antes de volverse loco.
No es un hombre,
es un malabarista de una generación. (1)
No es un hombre,
es quizás un objeto de la diversión,
un juguete común de la historia
con un monograma que dice “bufón”.
Ese hombre soy yo.
Pero debo decir que me tocó nacer
en el pasado y que no volveré.
Es por eso que un día me vi en le presente,
con un pie allá donde vive la muerte,
y otro pie suspendido en el aire,
buscando lugar, (2)
reclamando tierra de futuro para descansar.
Así estamos yo y mis hermanos,
con un precipicio en el equilibrio
y con ojos de vidrio.
Ahora quiero hablar de poetas,
de poetas muertos y poetas vivos,
de tantos muchachos, hijos de esta fiesta
y de la tortura de ser ellos mismos.
Porque hay que decir que hay quien muere
sobre su papel,
que vivirle a la vida su talla tiene que doler.
Nuestra vida es tan alta —tan alta— (3)
que para tocarla casi hay que morir,
para luego vivir.
Yo no reniego de lo que me toca,
yo no me arrepiento pues no tengo culpa,
pero hubiera querido poderme jugar
toda la muerte allá, en el pasado,
o toda la vida en el porvenir que no puedo alcanzar.
Y con esto no quiero decir que me pongo a llorar.
Sé que hay que seguir navegando.
Sigan exigiéndome cada vez más
hasta poder seguir
o reventar.
La versión citada es la de Silvio, editada en Érase que se era. Roy Brown canta:
(1) es el malabarista de una generación.
(2) buscando un lugar
(3) Nuestra vida es tan alta —ay, tan alta—
(1970)
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
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