Paloma mía (o Junto a tu cuello)
yo me tendiera, paloma mía.
Quién lo pudiera besar un día,
quién lo posara sobre tu cama.
Junto a tu boca de fina grana
yo me durmiera, paloma mía.
Si me quisieras, cuánto querría,
paloma rosa de mis mañanas.
Digo tu nombre todos los días.
Digo tu nombre paloma amada,
porque tu boca, la más soñada,
porque tu cuello y la lejanía.
(1978)
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
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