Ella


La oigo trajinar en la cocina.
Canta,
cuando su mano tomo
cantamos todos,
una vieja canción
casi olvidada.

Hace ya tiempo
que su voz me suena a cotidiano,
como el agua, la guerra,
y las calizas grises de mi tierra.

Suena a viento y a espuma
y me repite las gracias primitivas de mi hija,
hace poco nació y ya camina.
Hablamos de la paz,
del diario quehacer,
día a día cumplimos la jornada,
y vemos, en silencio,
derrumbarse la tarde
en la ventana.

En la mesa camilla,
humeante la sopa,
escuchamos el parte de noticias:
Siempre hay alguien que ha muerto,
un ser es importante,
entre balas y golpes y lágrimas
que nada podrán contra la ausencia.

Se apagan las ventanas.
Los vientos se detienen.
Alguien pasa al fondo de la calle, camino de su casa.
Duerme mi hija,
la eternidad se hizo para ella,
con las manos abiertas,
en franca confianza.

Hablamos en susurro,
mientras hace labor,
de cosas conocidas, como el tiempo, la paz
y estas tierras carmín, que nos cobijan,
Teruel tiene la sangre a flor de arena.

Al descender la luz
se hace el silencio
y fuera
queda el mundo al descubierto.
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Esta canción aparece en la discografía de
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