Juan se llama mi marido
Juan se llama mi marido,
mi pretendiente Ramón.
Me ha engañado Pedro Antonio,
me ha robado el corazón.
Por un Roberto
casi me he muerto;
agonizando estoy,
por un Alberto.
Por un Alberto, sí,
y un Sinjuriano,
y penando me tiene
un cruel Juliano.
Pero por Floridor
le doy mi amor.
Versión detallada
Mi vida, Juan se lla…
Juan se llama mi marido,
mi vida, mi preten-
diente Ramón,
mi vida, mi preten-
diente Ramón.
Mi vida, me ha engaña…
me ha engañado Pedro Antonio,
mi vida, me ha roba-
do el corazón.
Mi vida, Juan se lla-
ma mi marido.
Por un Roberto, niña,
mi vida, casi me he muerto;
agonizando estoy,
mi vida, por un Alberto.
Por un Roberto, niña,
mi vida, casi me he muerto.
Por un Alberto, sí,
mi vida, y un Sinjuriano,
y penando me tiene,
mi vida, un cruel Juliano.
Pero por Floridor,
mi vida, todo mi amor.
Cueca que aprendió Violeta Parra entre noviembre de 1957 y enero de 1958 de Blanca Segundo, Concepción. Para la letra se ha tenido en cuenta tanto la transcripción mecanografiada por Violeta como la partitura manuscrita de Gastón Soublette, que se encuentran en el Museo Hualpén, Provincia de Concepción. Se incluye en el disco «20 cuecas recopiladas por Violeta Parra» de Gabriela Pizarro, Fondart (2000), en el que la canta Anita Poblete.
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.