Quisiera ser como el gato
para dar a tu ventana
y darte los buenos días,
lucero de la mañana.
En mi casa hay un gato
que es muy decente,
donde tiene la boca
tiene los dientes.
Tiene los dientes, sí.
Es muy curioso:
junto a las pestañas
tiene los ojos.
A este gato hechicero
yo no lo quiero, yo no lo quiero.
Cueca que aprendió Violeta Parra de su madre, Clarisa Sandoval. La hemos transcrito del libro V. Parra, «Cantos folklóricos chilenos», Santiago, Nascimiento, 1979, p. 69.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.