Si seco un llanto
la más triste canción
oyó llorar a un alma su dolor,
y a por el alma fue
vibrando la tonada,
conmovida y gentil, maravillada.
¿Qué pena lloras tú
—le dijo la canción—
que me has trocado en gracia el corazón?
¿De qué me sirve a mí
—le respondió un sollozo—
la virtud, si no tengo un canto hermoso?
Sospecho que hoy empiezo a ser canción
y tengo la impresión
de que seré tu sol
si logro ser tu canto.
Sospecho que hoy empiezo a ser canción,
si seco un llanto.
Un día, junto al mar,
un alma oyó su voz
y una tonada hallaba su razón.
Fue el día en que ocurrió
la verdad hechizada:
la melodía y el alma enamoradas.
El alma con canción
iluminó su hogar,
y la canción con alma echó a volar.
Desde entonces las dos
vivieron más despacio,
a pesar de su tiempo y de su espacio.
(1996)
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