Paso a paso
me voy acercando hacia el fin,
mientras busco una mirada,
un sollozo, un gesto feliz.
Acaricio la esperanza
que ha creado la alucinación,
de perderme en la mañana
que se agita a la insurrección.
Paso a paso, la montaña
se me acerca, sin saber por qué,
si yo nunca fui a buscarla,
y hoy la intento detener.
Soy un mártir del capricho
de mil voces, de casi un millón,
de millones de convictos
que se agitan a mi alrededor.
No me detendréis, no podréis;
no me aplastaréis, no podréis;
no me destruiréis, no podréis;
os lo impediré.
Paso a paso, está mi alma
casi a punto de la destrucción
de montones de palabras,
que fue creando el amor.
El embudo del mañana
estrangula la ilusión
que escribimos en la jaula
del desprecio y la incomprensión.
Paso a paso se desgarran
mil canciones en mi corazón,
invocando una esperanza
que nos lleve a la salvación
de un presente, que rechaza
todo signo de lucha y unión,
de una vida que se apaga,
como un día también lo hará el sol.
No me detendréis, no podréis;
no me aplastaréis, no podréis;
no me destruiréis, no podréis;
os lo impediré.
(1985)
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