Un café para Platón
había dejado la universidad
como un pitillo a medio terminar
su carrera se quedó.
Siempre pedía un café para Platón
y unas monedas para locomoción,
no tenía nada y valía más que yo,
porque él todo lo dio…
Dime amigo en qué lugar
del mundo te hallarás,
tomando un café junto a Platón…
Yo sé bien que tú estarás
hablando de la paz…de la paz.
Tú siempre dijiste que la paz
se escapa por entre los dedos de la Humanidad
y los pretendes juntar, son tantas manos
que no alcanzarás…
La clase continuaba en el café
afuera el mundo giraba al revés
era la loca aventura de la fe
por cambiar él al revés.
Un día de octubre a clases no llegó
un día de octubre un café que se enfrió
hoy nadie pide un café para Platón
porque él se marchó.
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.