A mis hermanos heridos
no admiro más que al que se ha herido,
y sobre huellas que se han perdido,
ha construido su camino de volver.
No admiro a nadie, a nadie más,
no admiro más que a un ser manchado,
que en un costado está sangrado,
su sangre es vino que comparte con un pan.
No admiro a nadie, a nadie más,
no admiro más que al que ha salido
desde la tierra de su destino
como el aromo de la piedra para dar.
No admiro a nadie, a nadie más,
no admiro más que al hombre digno,
que es tan pequeño, por eso mismo
es como el río que se ha abierto para el mar.
No admiro a nadie más, a nadie más,
no admiro más que al que no juzga,
luz que no elige a quien alumbra
perfume simple de la flor de la humildad.
No admiro a nadie, a nadie más,
no admiro más que al embarrado
que ha hundido huellas en medio'el fango
y que ha salido pero nunca va a olvidar.
Y creo más, yo creo más
y mucho menos desconfío
del que ha sufrido por su camino,
porque ha mirado de sus ojos más allá.
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