Sueño
con tu belleza rara;
junto a ti adiviné
una sombra,
no era yo,
no era yo.
Que te besó las manos
y te miró muy hondo,
y tu amor musitó
una ofrenda,
al murmurar
"soy tuya".
Al despertar yo viví en el tormento
de mi sueño,
me dolió el corazón
muy dentro,
al pensar en aquella sombra,
al oírte decir
"soy tuya".
Cuando después la mañana te trajo
junto a mí,
y tus labios besé
temblando,
comprendí que era yo la sombra,
al oírte decir,
"soy tuya", "soy tuya", "soy tuya".
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